Hoy me presento yo, Sirena Susana. Para que me conozcas mejor, ¡para que veas que soy una sirena de carne y hueso!

 

Mis inicios en el agua

Con 20 años que tengo, podría decir que he pasado casi más tiempo en el agua que fuera. Desde pequeñita siempre me encantaba ir a la piscina y bucear, escuchar el silencio que te envuelve.

Aprendí a nadar (lo básico) bastante pronto, aunque eso que dicen de… “en casa de herrero, cuchillo de palo” en mi caso era casi cierto, porque mi madre era monitora de natación y socorrista (bueno, lo sigue siendo, claro). 

Me acuerdo que en verano, en la piscina de mi pueblo (una aldea súper pequeñita donde se hace el mejor vino jeje) mi hermana, mis amigas y yo abríamos la piscina y la cerrábamos, prácticamente vivíamos allí dentro, luego, nos íbamos de excursión en bici a los pueblos de al lado, o a indagar por ahí. La verdad es que pocas veces me aburría.

 

Los animales y yo

Otra de mis pasiones eran los animales, ME ENCANTAN.

Mi casa ha sido un zoo: una vez tuvimos cuatro gatitos y un perrito a la vez, peces, tortugas, etc. ¡hasta un cerdo! El responsable era mi tío, que se encargaba de cuidar animales y tenía una cuadra con caballos, y algunas variedades jajaja.

 

He montado a caballo cientos de veces, pero como era tan sumamente enana, me subía con mi tío, porque si no en una de esas, yo salía volando.

Cuando celebré mi comunión, me tenían una sorpresa bien guardada, me estaba esperando Pipo, un pequeño poni al que le cogí mucho cariño.

 

Natación sincronizada y GLU

Seguimos con mi trayectoria acuática: mi hermana, un día que volvía de clase, encontró un sitio donde daban clases de natación sincronizada. Y allí que me apunté. La verdad es que no se me daba para nada mal, y decidí buscar un club donde prepararme para competir. Me federé y estuve compitiendo durante unos años. Primero los pases de nivel, ligas de figuras, campeonato de rutinas… y finalmente llegué al campeonato de España, justo en julio de 2016, cuando acababa primero de bachiller.

Anna Tarrés

Ona Carbonell

Gemma Mengual

Alba Cabello

 

 

 

 

 

 

 

Ese verano tomé una decisión que me marcó bastante, no fue fácil para mí, pero mi familia me ayudó mucho. Después de ese verano, abandoné la natación sincronizada de competición y me centré en mis estudios. Empezaba segundo de bachiller y tenía que prepararme para la selectividad. Aun así, nunca lo dejé de lado, y algunas tardes me iba a una piscina a dar clases de iniciación a la sincro. Monté la empresa junto a mi madre y mi hermana, GLU Gestión y Proyectos, aunque tú la conoces como GLU Sirenas. Empezamos con la escuela de natación sincronizada en Valencia, y al verano siguiente, mi hermana tuvo la gran idea de dar un pequeño saltito: incluir las colas de sirena en nuestras actividades. Y así fue como surgieron las sirenas. Empezamos pequeñitas, poquito a poco, y aquí estamos ahora ☺

Después de las sirenas vino el servicio de socorrismo, y esto es un no parar. ¿Qué será lo siguiente? ¿Inventar un deporte nuevo? Bueno, algún que otro proyecto tenemos ya en mente…

 

Viajando por el mundo

En cuanto a los viajes que he hecho, no han sido pocos (pero me gustaría viajar muuuuucho más). Mi primer viaje fue con 6 años, y adivinad dónde me fui.

Como era de esperar, ¡a DISNEYLAND PARIS! Y volvería mil y una veces más. Era muy pequeña y no me acuerdo de casi nada, pero tengo un recuerdo bastante claro, y es que me subí 8 veces a la atracción de Buzz lightyear (no sé si seguirá estando o si será la misma…). Después me fui a Ibiza, y de este viaje me acuerdo menos aún, solo que la gente hablaba en inglés y yo no lo entendía, pensaba que estaba en otro país. El siguiente fue un crucero por el Mediterráneo que hicimos mis primos y nosotros. Fue una experiencia muy chula. Mi prima Viki (que tiene un año menos) y yo nos subíamos a la cafetería de arriba de todo el barco que tenía una vista panorámica y nos pedíamos todos los días un cola cao (nos lo reservaban y todo). En cuanto a las ciudades que visitamos, me quedo con Pompeya. Ese año estaba en quinto de primaria y tenía una profesora, Eva, que le chiflaba la mitología y todo lo relacionado con Italia. Pero el resto de ciudades también fueron increíbles, Pisa, Florencia, Roma, el Vaticano, Nápoles, Mónaco y Túnez.

Después de ese viaje, mi madre nos cogió por sorpresa a mi hermana y a mí y nos fuimos las tres mosqueteras en coche (un coche verde chillón que gracias a Dios ya no lo tenemos) bordeando el Mediterráneo hasta llegar a Andorra. Y estuvimos unos días en Andorra, que nos dio tiempo a ver nieve y a coger tres ranitas pequeñitas mientas hacíamos senderismo. Era la época de Camp Rock, así que adivinad los nombres. Efectivamente, Joe, Nick y Kevin Jonas JAJAJA.

Creo que después de esa aventura ya no volví a viajar hasta los 13 años, que me fui de campamento a Ronda, un pueblo muy bonito de Málaga. Tanto me gustó aquel campamento que repetí al año siguiente.

Mi mayor deseo era ir a Londres, y cuando cumplí 17 años, mi madre y mi hermana me regalaron ese viaje, fue increíblemente increíble, a pesar del mal tiempo que hizo. Creo que en menos de 4 días vimos todo de forma express, solo faltó ir a Oxford, porque menuda velocidad llevábamos.

Al verano siguiente me fui a un campamento internacional en Berlín, donde tenía que hablar en inglés sí o sí. Fueron 15 días, aunque se me hizo corto. La verdad es que hice bastantes actividades y sobre todo, me quedo con la gente que conocí.

Llegó diciembre y, como no, hicimos otro viaje (a partir de ahora la famosa tradición en mi familia de viajar en el puente de diciembre). Pero esta vez nos fuimos un poco más lejos… Después de 4 horas en bus y 8 horas de vuelo, ¡llegamos a PUNTA CANA! En el aeropuerto nos estaba esperando mi hermana, que llevaba viviendo allí unos meses por una beca de la Universidad. No tengo una sola palabra para describir ese país, pero todas son buenas.

La gente, la cultura… a veces hay que conocer otras cosas para saber qué nos estamos perdiendo. El tiempo allí es valioso, la calma, la paciencia… todo es maravilloso. Te olvidas de todos los problemas y contratiempos, estar allí es otro mundo. El jet lag era fuerte, también lo digo. Con 30º que hacía la noche que llegamos, y yo salí a la calle con sudadera. No te habitúas tan rápido (por lo menos la primera vez).

Después del caribe, llegó, el octubre del año siguiente, Portugal. Nos fuimos mi hermana y yo solitas a la aventura. Ahí sí que hacía FRÍO, frío con mayúsculas, porque casi muero congelada.

Next stop: Malta. Da la casualidad de que los tres viajes de tradición que llevábamos, los tres habían sido a una isla. Volviendo a Malta, alquilamos un coche y nos recorrimos la isla de arriba abajo, de izquierda a derecha y en diagonal. Mi madre, que era quien conducía, no paraba de hacer kilómetros, con lo pequeña que era la isla… Fue una colonia británica, así que mantienen algunas costumbres, como por ejemplo conducir por el otro lado. Y yo no iba a ser menos, claro. Así que en el parking de una playa que estaba vacía, di un par de vueltas al volante y era una sensación extraña, cuesta acostumbrarte a cambiar de marcha con la izquierda, los espejos… En Malta también pasé un poco de frío, hacía muchísimo viento y una noche casi salimos volando.

 

Los inicios de Glu Sirenas Caribe (sirenascaribe.com)

Tan solo tres meses después, en la semana fallera (valenciana que le flipan las fallas y se las pierde por primera vez en su vida…) para el Caribe que fuimos (mejor dicho, volvimos). Esta vez sí que fuimos con un buen equipo de colas de sirena, uniformes, etc. Íbamos con muchas ganas de enseñarle al Caribe nuestras colas de sirena y que los turistas probaran la experiencia. Fue una semana curiosa, pero maravillosa. Lo repetiría mil veces más. Fui a trabajar, sí, pero trabajar con ese clima y con esa gente, que no me lo quite nadie.

[Volvemos a mis viajes por el mundo…]

Y de marzo, volamos a diciembre. Esta vez ya no era una isla, pero siguió siendo un viaje espectacular. Nos fuimos al continente africano y nos adentramos en Marruecos (pero sin llegar a pisar el desierto). Allí también pasé mucho frío (si es que no se me puede sacar de casa, vaya donde vaya paso frío). Hubo una vez que pasé un poco de miedo porque nos perdimos y estaba anocheciendo pero al final encontramos el riad donde estábamos alojadas y lo arreglamos con un buen té. Creo que en esos 4 días tomé más té que en toda mi vida. Estaba delicioso.

En cuanto a los otros hobbies, me gusta muchísimo escuchar música y cantar (en la ducha) y ver series. Soy muy original, lo sé. Antes también me gustaba leer, pero ahora no tengo mucho tiempo la verdad.

Y aquí me encuentro, escribiendo este post sobre mi vida, espero que os haya gustado. Dentro de lo que cabe, mi vida es normal, quitando que en casa tengo unas cuantas colas de sirena…

Muchas gracias por leernos y por estar aquí incondicionalmente. ¡Os queremos, sirefans!

Leave a Reply